

Existen pruebas fehacientes de que varios siglos A.C. el olivo era ya un producto agrícola de primer orden en la cuenca mediterránea. Pero el gran avance lo hemos experimentado en la última década donde numerosos estudios han demostrado que la dieta mediterránea, donde el aceite de oliva es indispensable es la más saludable. La primera evidencia es que esta grasa es la que le dá más sabor a las comidas; su tolerancia por el organismo humano, después de más de 6 milenios consumiéndola, es absoluta. Asimismo, el aceite de oliva conserva el sabor, el olor y el color como ningún otro aceite, debido a los procesos naturales que todavía se siguen para su extracción.

En el terreno extrictamente médico, se ha demostrado según investigaciones médicas, que el aceite de oliva es beneficioso para cantidad de dolencias, en su larga lista de beneficios para la salud podemos destacar:
- Contribuye a disminuir la tensión arterial.
- Interviene en la prevención de ciertos típos de cánceres como el de próstata, mama, y colon.
- Evita el envejecimiento prematuro de las células, la pérdida de memoria en los ancianos y eleva el colesterol bueno.
- Control de la diabetes, ya que su consumo continuado propicia una mejor tolerancia a la glucosa, protegiendo a estos enfermos de las habituales complicaciones metabólicas que sí propician otro tipo de grasas.
- El aceite de oliva, también beneficia el sistema cardiovascular, su intervención decisiva en los liquidos plasmáticos, colesterol y triglicéridos, reduce la oxidación de lo que se conoce como colesterol malo y evita el desarrollo de la arteriosclerosis; enfermedades tan conocidas como la angina de pecho, infarto de miocardio, o el derrame cerebral tienen menor incidencia en aquellas personas que son consumidores habituales de aceite de oliva.
Concluyendo, podemos afirmar que el consumo de aceite de oliva retrasa la vejez y previene dolencias.